Serie de dibujos que continúa la técnica encontrada por accidente en “SEÑALES DE HUMO” pero ahora desde un lugar distinto. Esta serie explora la idea de crear un cuaderno de anatomía primigenia, abstracta y tosca a través de una suerte de texturas y formas que remiten a figuras, tejidos y órganos que se desbordan y supuran tibios y sangrantes permeando los folios de papel en el que son colocados con el fin de estudiarlos, analizarlos y buscar posibles curas. Sacar y destripar las entrañas hacia afuera para tratar de encontrar en lo abstracto un reflejo figurativo esclarecedor.
TOMO I:
En esta nueva entrega se explora una idea que si no recuerdo mal narra Portabella en una de sus películas y que aquí es investigada gráficamente. La idea se basa en la leyenda de que existían unas partituras perdidas de Bach que fueron recuperadas por alguien que descubrió que las estaban utilizando en una carnicería para envolver la carne y el pescado.
TOMO II:
Este segundo tomo está, por lo tanto, inspirado en esta idea de la película de Portabella y Bach tan estimulante para la creación de imágenes y que resulta tan poderosamente gráfica trabajando como soporte en partituras musicales.
TOMO III:
En esta tercer tomo se explora la idea de los mapas como representaciones de territorios que aquí se vuelven soporte para explorar las narraciones detrás de territorios, países y fronteras. La brutalidad, las guerras, la injusticia, la violencia y los derramamientos de sangre estallados gráficamente mediante abstracción que se vuelve figurativa con la esperanza de que cese la barbarie de una vez por todas. Que los mapas y las manchas de color puedan desvincularse de una realidad terrible y sean de una vez por todas solamente mapas y manchas de color.
TOMO IV
En este cuarto tomo se exploran los índices onomásticos como soporte pictórico.
TOMO V:
En este tomo se experimenta sobre el soporte de las páginas de cómics, explorando las conexiones entre las gamas cromáticas, los dibujos y los guiones que se suceden entre viñetas con la idea de derretirlos deshaciendo y destripando sus entrañas hacia afuera, como si la impresora o los personajes o la propia narración secuenciada hubieran explotado desde dentro conviertiéndose en un magma estallado repleto de texturas que con el fin de encontrar un reflejo todavía figurativo y esclarecedor, deviene ectoplasma regurgitado que brota del propio papel.